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Envolver lo que no ha de volver
Galería Pilar Serra
Madrid, 2017
Óscar Alonso Molina ha escrito un extenso texto con motivo de la exposición "Envolver lo que no ha de volver", del que entresacamos algunos párrafos:
“Viejo empeño el de la piedra por parecer flexible y ligera, por expresar desde el trozo bruto de su masa el mundo plano y plegado de las telas, con su caída y movimiento, con su gracia adaptándose a los cuerpos que la cubren, Mientras quizá un poco de viento las alienta o el agua las pega a ellos. Es una de las líneas en constante transformación de la historia de la escultura: la capacidad técnica y las conquistas expresivas que la disciplina fue manejando en cada época para lograr que los tejidos esculpidos contaran con formas distintas de la experiencia de cubrirse, develar, de envolver o forrar puntos suspensivos desde la técnica de paños mojados de la estatuaria clásica, al drapeado infinito de la Santa Teresa de Bernini, donde el cuerpo prácticamente desaparece en ese torbellino, en una inmensa rosa mística de pétalos arrugados; desde el trasfondo geométrico en los plisados paralelos del arte egipcio o del románico, al Cristo Velato de Sanmartino, en la capilla San Severo, piel sobre piel... La roca sometida una y mil veces a una idea de flexibilidad que, como en la alquimia, aspira a volver dúctil su dureza por medio de una transformación espiritual, insuflando ánima a lo inerte.
Pero Lucía Vallejo parece empeñada justo en lo contrario: en que sea el tejido, bien lienzo de algodón, lino o arpillera, el que adquiera la rotundidad y contundencia de lo pétreo, haciendo lo posible para que sus esculturas consoliden definitivamente el conjunto de dobleces y arrugas elegido, buscado y cuidadosamente compuesto. Un instante detenido de esa manera en apariencia aleatoria en que los paños han caído, que permanecen así para los restos, sólidamente, inertes. Sin embargo, en este proceso de la composición de la forma, los referentes de su trabajo con frecuencia se giran más hacia momentos y figuras de la disciplina pictórica. Van der Weyden y Van Eyck, Zurbarán y Caravaggio, las tablas góticas, Fra Angélico y El Greco, el mundo barroco y el Manierismo...
Incluso el tratamiento superficial a que las somete, con su atención al dorado, los craquelados y la pátina, o sobre todo con su elección del color, la artista aborda antes cuestiones propias de la naturaleza de la pintura que de la neutralidad del material habitual en la escultura.
Y es que, en efecto, el trabajo de Lucia Vallejo parece más lógico interpretarlo dentro de esa corriente, hoy bastante extendida y bien divulgada por la cual la pintura ha buscado una nueva reformulación expandiéndose, hibridándose, contaminando y dejándose contaminar por su compañera disciplinar desde los tiempos más remotos.”
En la exposición mostraremos ocho piezas, nuevas, severas, en blanco y negro, que nos hacen pensar en la melancolía y en la muerte, y que resultan de una gran belleza. Óscar Alonso Molina se refiere a ellas:
“... en algunas de las obras recientes que muestra ahora en la galería Pilar Serra, el paño, o los paños, entablan un diálogo muy cerrado con otros cuerpos rígidos; y en este diálogo reciente se hace si cabe más evidente la libertad de movimiento de unos paños que ya nos remiten a la noción del cuadro. Tratados como formas y materias independientes (en ningún caso asistimos a que una misma pátina o un color uniforme, un tratamiento cubra indiferente la superficie de los pliegues y de la geometría de estos listones o poliedros), estas nuevas obras recuperan de alguna manera el carácter escultórico que la autora había sustraído en origen a su trabajo, al establecer relaciones de contrarios que evidencian viejos temas de la forma escultórica como la rigidez y la plasticidad, la geometría y lo informe, el movimiento y el estatismo, el peso y la ligereza, o el contraste entre materiales (recuérdese a Torner), propios de la escultura abstracta moderna.
Más allá, en algún momento del recorrido veremos flotar una gorguera o cuello de lechuguilla, y unas golillas de muñeca asociadas, flotando en el vacío, sobre fondo oscuro... Se trata de una pieza de singular efecto escenográfico, que se deslliga con ello del conjunto seleccionado con su inmediata alusión a un cuerpo ausente marcado claramente por un cuello y unas manos inexistentes (gorguera y puños mantienen entre sí una relación previsible con respecto a la posición que ocupan en un cuerpo humano erguido)”.









